Coca-Cola Andina es una de las embotelladoras de bebidas más grandes de América Latina y opera once fábricas de refrescos carbonatados (CSD) en Chile, Paraguay, Argentina y Brasil. La más reciente y moderna se encuentra rodeada de verdes colinas en Duque de Caxias, cerca de Río de Janeiro. Quien llega temprano por la mañana se encuentra con una impresionante fila de camiones de Coca-Cola de un rojo intenso, que más tarde saldrán a realizar sus rutas de reparto. Coca-Cola Andina inauguró esta fábrica ultramoderna en 2018. Actualmente cuenta con cinco líneas de producción y el año pasado produjo algo más de 15 millones de litros de refrescos y agua mineral. Desde el verano de 2025, además del aroma dulce de los refrescos, se percibe allí también una nota amarga: el típico olor al mosto de cerveza de la nueva cervecería.
La planta de refrescos de Coca-Cola Andina en Duque de Caxias, Brasil, es pionera en sostenibilidad, calidad y eficiencia. Por eso, las exigencias en la búsqueda para un socio para la construcción de una nueva fábrica de cerveza greenfield en el mismo emplazamiento eran correspondientemente altas. Los requisitos eran fuerza innovadora, así como la voluntad de abrazar la filosofía de Coca-Cola Andina. Steinecker y Krones poseían ambas cosas.
Por qué Coca-Cola Andina incursionó en el mundo de la cerveza
¿Por qué un fabricante de refrescos – y siendo además una embotelladora de Coca-Cola – está construyendo una cervecería? “Coca-Cola Andina lleva ya tiempo dedicada a la distribución de cerveza y quería participar en el pujante mercado brasileño de la cerveza aportando un mayor valor añadido”, explica Fausto de Vasconcelos Padrao Junior, Engineering Manager para las fábricas en Coca-Cola Andina Brasil. En 2020, la empresa compró la marca brasileña de cerveza Therezópolis y se decidió además por construir su propia fábrica de cerveza. Fausto Padrao estuvo involucrado en la planificación y construcción desde el principio: “Estábamos planificando la primera fábrica de cerveza de todo el grupo, por lo que no teníamos experiencia en esta área. En primer lugar, necesitábamos a alguien con experiencia en la fabricación de cerveza”. Encontraron a Sidney Telles Belchior, quien comenzó como maestro cervecero en la empresa hace cinco años. “Es una experiencia única en la vida construir la primera cervecería de Coca-Cola Andina”, explica su fascinación por el proyecto. Estaba claro que la nueva fábrica de cerveza se construiría en el emplazamiento más nuevo y moderno de la empresa, explica Fausto Padrao: “La fabricación de cerveza y la producción de refrescos carbonatados pueden compartir partes de la infraestructura, lo que minimiza los costes”.
La primera cervecería de Coca-Cola Andina
Desde junio de 2025 Coca-Cola Andina produce cerveza en Duque de Caxias, Brasil. Además de su propia marca Therezópolis, también produce bajo licencia las marcas Estrella Galicia, Cerpa y Tijuca. Actualmente, la capacidad de producción es de 500.000 hectolitros al año, limitada únicamente por el número de tanques de fermentación o maduración. El resto de la fábrica de cerveza tiene una capacidad instalada de dos millones de hectolitros al año, con espacio suficiente para ampliarla hasta los cuatro millones de hectolitros. También la filtración está diseñada de manera modular para poder crecer junto con el aumento de la capacidad.
Un emplazamiento estrella
“Disruptivo”, “voluntad innovadora”, “la mejor tecnología” - estas son algunas de las expresiones que suelen repetirse cuando se habla con los responsables de la empresa. Subrayan la filosofía de Coca-Cola Andina de revisar incluso la mejor solución para ver si aún se puede mejorar. Un ejemplo de ello es la fábrica en Duque de Caxias, totalmente digitalizada y diseñada de forma sistemática para alcanzar los máximos niveles de sostenibilidad, eficiencia y calidad. “Tenemos acá una de las fábricas de refrescos más modernas del mundo. La nueva fábrica de cerveza debía cumplir con este estándar y ofrecer soluciones de primera clase en materia de consumo de energía y agua, calidad y personal de servicio”, resume Sidney Belchior. “Además, buscábamos socios que estuvieran dispuestos a trabajar con nosotros para perfeccionar aún más su mejor solución y adaptarla mejor a nuestro proyecto”, subraya. “Y necesitábamos socios fuertes porque la empresa no tenía todavía ninguna experiencia con la cerveza. Todo esto lo encontramos en Steinecker y Krones. La tecnología y el precio también eran buenos. Sobre todo, ya contábamos con una buena y larga relación con Krones dentro del negocio de los refrescos”.
Además, resultó muy útil que los conceptos de ahorro energético de Steinecker no fueran muy diferentes a los de Coca-Cola Andina. La fábrica de refrescos carbonatados en Duque de Caxias no utiliza vapor como fluido térmico, sino agua caliente en combinación con un acumulador térmico central y un sistema de recuperación de energía. El principio de la cervecería de baja temperatura de Steinecker es muy similar. Y precisamente una así recibió Coca-Cola Andina, la cual funciona con agua caliente (a 115 grados Celsius) con un acumulador térmico central y con el sistema de recuperación de energía EquiTherm Brew. La filtración no utiliza kieselgur, sino la tecnología de membranas por razones de sostenibilidad.
Al igual que el resto de las instalaciones, la fábrica de cerveza fue altamente automatizada y equipada con complejos sistemas de monitorización para el control de procesos. En la planta de refrescos carbonatados, todos los equipos y procesos ya estaban digitalizados y conectados entre sí según el principio del llamado Industrial Internet of Things (IIoT). “Cuando planificamos la fábrica, fuimos pioneros con este enfoque”, dice Fausto Padrao: “Hoy en día, tenemos un Data Lake muy bueno, es decir un repositorio de almacenamiento de todos los datos corporativos. De este modo, estamos preparados para el futuro y contamos con una base de datos coherente y transparente para utilizar soluciones futuras como Augmented Reality, inteligencia artificial o el big data”. El requisito indispensable para este concepto es que los datos de todas las instalaciones sean alimentados al sistema de Coca-Cola Andina. La cervecería también está integrada al sistema, no solo al sistema de control de procesos Botec F1 de Steinecker, sino también al Manufacturing Execution System (MES), que monitorea y controla todo el proceso de producción.
Una cervecería experimental de exposición
El requisito más importante para la construcción era que la producción de los refrescos carbonatados en la planta pudiera continuar sin interrupciones, incluso mientras se instalaba la nueva línea de cerveza y refrescos en la nave de embotellado. Otro aspecto muy importante fue también la flexibilidad requerida en el diseño de la cervecería, dice Fausto Padrao: “Para nosotros era importante que cada una de las etapas individuales de la producción de cerveza estuviesen dispuestas conforme a la secuencia exacta del proceso, es decir comenzando con el silo de malteado, pasando por la sala de cocción, los tanques de fermentación y maduración y terminando con el suministro a la sala de llenado. Queríamos que los visitantes, pero sobre todo nuestra gente, pudiesen hacer el recorrido prácticamente siguiendo el proceso de elaboración de la cerveza. Para Steinecker esto era algo nuevo, pero entendieron nuestros motivos y pusieron en práctica el concepto”.
Adicionalmente, Coca-Cola Andina invirtió en una sala de cocción compacta MicroCube con un volumen de producción de diez hectolitros. “La usamos para capacitar a nuestro personal y para desarrollar nuevas fórmulas. Además, los visitantes pueden apreciar muy bien la cervecería experimental desde nuestro bar”, dice Sidney Belchior.
Una línea todoterreno
La cerveza se embotella en una nueva línea combinada, también suministrada por Krones. Procesa cerveza y refrescos, tanto en latas como en botellas de vidrio. Para ello está equipada con dos llenadoras de la serie Modufill, respectivamente una para cada tipo de envase. Solo funciona una llenadora a la vez, de modo que sale un solo tipo de producto al final de la línea. Todos los envases llenos pasan por el pasteurizador LinaFlex Pro, que hace las veces de un calentador de envases para los refrescos. Equipado con tres intercambiadores de calor para la máxima recuperación de energía, cumple obviamente con las elevadas exigencias de Coca-Cola Andina en términos de consumo de energía y agua.
Un reto especial fue la conexión de la línea tanto con la producción de refrescos como con la fábrica de cerveza. Ambos productos deben mantenerse estrictamente separados en todo momento: cuando se embotella la cerveza, la limpieza también se debe realizar con cerveza para evitar la contaminación cruzada. Lo mismo es válido para los refrescos carbonatados. Para gestionar automáticamente estos flujos de material entre todas las fuentes, el equipo de Steinecker programó una compleja matriz de control en Botec F1. “Hoy este sistema funciona perfectamente”, se alegra Fausto Padrao: “No tenemos que preocuparnos por contaminaciones cruzadas”.
La línea combinada procesa latas slim y sleek en un total de cinco tamaños diferentes, así como botellas de vidrio de cuello largo. Si a esto le sumamos dos tipos de bebidas, el resultado es una enorme variedad de productos y envases. “Tenemos cerca de 50 códigos de referencia (en inglés Stock Keeping Unit)”, comenta Fausto Padrao: “Fue todo un reto comprender todo, realizar las pruebas de las líneas y, sobre todo, capacitar al personal de operación para todos los diferentes casos. Tenemos que adaptar los parámetros de llenado no solo a los respectivos envases y bebidas, sino también a las diferentes marcas para las cuales producimos. En materia de refrescos carbonatados somos expertos, llevo 28 años trabajando en el universo Coca-Cola, y desde 13 años en Coca-Cola Andina. Pero la cerveza es nueva para mí y para casi todos nuestros técnicos. Así que tuvimos que aprender mucho. Para cada marca necesitábamos los mejores parámetros de producción y el mejor proceso de envasado posible. Nos llevó tiempo, pero ahora tenemos los ajustes óptimos para cada caso”. En diciembre de 2024 la línea comenzó a operar con refrescos y, en julio de 2025, se añadió la cerveza.
Un gran proyecto, una gran cerveza
Un gran proyecto, una gran cerveza
Si se le pregunta a Sidney Belchior acerca del éxito del proyecto “Producción de cerveza en Coca-Cola Andina”, se muestra satisfecho: “Recibimos comentarios muy positivos sobre nuestra cerveza de todas partes. Logramos niveles de oxígeno muy bajos y por lo tanto una muy buena estabilidad”. Enfatiza la buena cooperación con Krones y Steinecker: “Ambas empresas nos han proporcionado muy buenos grupos de trabajo para el proyecto, tanto de Alemania como de Brasil. Creo que se han dado cuenta de la importancia que Coca-Cola Andina concede al pensamiento innovador y han seleccionado a personas que se identifican con nuestra cultura y que son capaces de pensar con nosotros más allá de lo convencional. Esta flexibilidad y apertura en nuestra cooperación fueron ciertamente esenciales para el éxito del proyecto”.
¿Y qué piensa el personal que su fábrica de refrescos ahora también produce cerveza? “Tuvimos una sorpresa positiva al respecto”, comentan Fausto Padrao y Sidney Belchior: “Cuando informamos sobre los planes de la cervecería, resultó que algunas personas habían trabajado anteriormente como maestros cerveceros o técnicos cerveceros y querían ser parte del proyecto”. También Fausto Padrao está satisfecho: “Tenemos mucha confianza en la tecnología de Krones y sabemos por experiencia que con ella conseguimos buenas soluciones. Para mí, la fortaleza de Krones radica en su capacidad de innovar constantemente”. También enfatiza la buena cooperación: “Apreciamos el hecho de tener a Steinecker y Krones en el proyecto y de trabajar juntos amistosamente, no solo como socios”.










