Cuando las botellas de PET se embalan en film termorretráctil, en pocos segundos ocurre más de lo que parece a simple vista. Durante este proceso se trata de obtener estabilidad y calidad en el embalaje, pero sobre todo de energía y es que el film se calienta, se retractila y después se enfría, un proceso que requiere una elevada potencia térmica y, al mismo tiempo, la máxima precisión. Y es precisamente ahí donde radica el reto técnico. Si durante el calentamiento el film se ve sometido a turbulencias de aire excesivas, se pierde el control del proceso. El film se mueve de forma inestable, puede adherirse a botellas frías o bien deformarse de forma irregular. “Nuestro objetivo es pues generar un flujo de aire dirigido y estable que transporte la energía exactamente allí donde se necesita: al embalaje y no al entorno”, explica Marcus Kreis, Head of Process Engineering, Packaging Technology en Krones. Esto suena sencillo de entrada, pero en la práctica es muy demandante. Para lograrlo, Krones ha seguido perfeccionando el diseño del túnel de retractilado.












